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Control de emociones

Las emociones son parte integral de la vida cotidiana de cualquier persona; todos hemos experimentado, en algún momento, enojo, tristeza, miedo o cualquier otro estado emocional.

Sin embargo, las emociones tienen un carácter posesivo que en ocasiones provoca que se apoderen de nosotros y tomen control sobre nuestras actitudes y comportamientos. Hay veces que sentimos que no podemos controlar lo que sentimos; falta de control que puede traducirse en estados de ánimo o acciones que también parecen estar fuera de nuestras manos. Podemos así sufrir, por ejemplo, de episodios de ira incontrolable, miedo difícil de manejar, o tristeza que parece no desaparecer. En estos casos, las emociones se vuelven problemáticas e interfieren con nuestras actividades diarias.

Relación con nuestras emociones

Pensar las emociones en términos de control es engañoso. No podemos decidir qué sentir, en cambio, lo que sí podemos decidir es qué hacer con lo que sentimos—lo que resulta crucial es la relación que establecemos con nuestras emociones y el cauce que les damos.

Hay dos métodos muy comunes que los seres humanos utilizamos para evitar relacionarnos con las emociones: las reprimimos o las actuamos.

Pensemos, por ejemplo, en el enojo. Imaginemos que una persona está en una fiesta y alguien hace un comentario que le genera disgusto. La persona podría 1) ignorarlo y seguir como si nada hubiera pasado, o 2) actuar su enojo y recurrir a la agresión. Ambas reacciones acarrean problemas. El primer manejo no acredita al enojo, el cual no desaparece por el hecho de ser ignorado y puede regresar en otro contexto que puede no ser el adecuado. El segundo no permite a la persona establecer una relación con su emoción, la cual es actuada irreflexivamente y por lo tanto permanece sin procesar.

¿Es adecuado nuestro manejo emocional?

Tres preguntas que podemos hacernos para evaluar cómo es nuestro manejo emocional son las siguientes:

  1. Cuando tengo una reacción emocional, ¿es congruente la emoción con el evento que la desencadenó? Por ejemplo: alguien cuenta una historia triste y mi reacción es de ira.
  2. ¿Concuerda la intensidad de la emoción con la intensidad del estimulo que la provocó? Por ejemplo: alguien hace un comentario ligeramente molesto, pero mi reacción es desmedida y quiero golpearlo o lo golpeo inmediatamente.
  3. Una vez que termina el evento que provocó la emoción, ¿desaparece la emoción o permanece ahí durante mucho tiempo? Por ejemplo: alguien hace un comentario molesto y el enojo me dura tres días.

Contestar negativamente a cualquiera de estas preguntas podría ser un indicador de dificultades en el manejo de las emociones.

Puentes

A veces mis emociones son exageradas, tengo una susceotibilidad y sensibilidad extremas. Me suelo sentir deprimida y sola, además de que soy poco tolerante y me enojo por cualquier cosa. Tengo estallidos emocionales y reacciono siendo grosera o llorando.
Estudiante de la Ibero

Las emociones son el motor que nos ayuda a reaccionar ante los eventos del mundo externo, usualmente no son arbitrarias y tienen una intención muy particular. El enojo, por ejemplo, podría sugerir la necesidad de mayor asertividad o la de buscar que la persona aprenda a defenderse frente al abuso. Sólo si establecemos una relación consciente con nuestras emociones podremos encausarlas en la dirección más benéfica.

Establecer una relación adecuada con la emoción resulta fundamental, puesto que ellas son las que nos permiten asumir una postura frente a los eventos y las situaciones que enfrentamos. La palabra “emoción” viene del latín emovere, que quiere decir “mover hacia fuera.” Las emociones son el puente que coloca nuestro mundo interior en el contexto externo; por lo tanto, tener un manejo emocional adecuado es esencial para manifestarnos y presentarnos ante el otro de un modo más auténtico y consistente.

 

Gustavo Beck

gustavo.beckurriolagoitia@my.pacifica.edu

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