Estar bien Ibero

Romper el hielo

Rechazo de compañeros / amigos

Soy muy tímido, introvertido, me cuesta profundizar en mis amistades … me dan miedo las personas y me es difícil socializar. No estoy conforme conmigo, me siento solo y triste.
Estudiante de la ibero

Entrar a la universidad es una de las etapas más enriquecedoras de nuestras vidas, sin embargo, también implica el surgimiento de nuevos retos. Cuando entras al salón de tu primera clase puede ser que no conozcas a nadie, que te sientas extraño y hasta algo cohibido. Sin embargo, “romper el hielo” durante esos primeros días de nuevos encuentros es algo que se construye paulatinamente.

Pero…. ¿qué se hace cuando no se consigue “romper el hielo” y se dificulta el hacer amigos? ¿Y cuándo se vuelve clara la dificultad para adaptarse a nuevas personas y situaciones?

Es común que cuando nos enfrentamos a un nuevo círculo social muchas de nuestras inseguridades anteriores, aquellas que pensábamos habían quedado enterradas en el pasado o en los malos recuerdos de la preparatoria, regresan a acecharnos.

Tipos de rechazo

Es común que cuando alguien nos rechaza se desencadene toda una gama de emociones en nosotros.

Podemos sentirnos inseguros, impotentes, frágiles y sensibles. Asimismo, podemos experimentar sentimientos de tristeza, timidez, enojo, irritabilidad, temor y desesperación.

Empero, habrá que distinguir entre dos tipos de rechazo: el real y el imaginario. El primer tipo de rechazo sucede cuando los demás (amigos, familia, maestros, compañeros, etc.) nos discriminan por alguna cualidad o actitud que manifestamos; muchas veces esto tiene que ver con nuestras creencias, orientación sexual, educación, hábitos, obesidad, actitudes negativas hacia la vida, conductas de alto riesgo, entre otras. El rechazo real sucede cuando los demás consideran que algún atributo de nosotros les resulta molesto o desagradable, dada su percepción subjetiva e ideológica.

El segundo tipo de rechazo, el imaginario, tiene que ver con nuestras propias creencias, las cuales hacen que sintamos que los demás nos rechazan aún cuando esto no sea cierto. Por ejemplo, los estudiantes que provienen del interior de la república suelen encontrar el cambio a la ciudad lleno de expectativas, sorpresas y temores. Durante los primeros días en contacto con lo novedoso y extraño de la vida universitaria, muchos no encuentran espacios en común con sus demás compañeros, por lo cual, empiezan a sentirse inseguros y piensan que se les puede rechazar dado que vienen de fuera y no por otra cosa. Sin embargo, no se dan cuenta que pueden compartir muchas más cosas que la simple procedencia geográfica.

Este tipo de rechazo tiene que ver con nosotros mismos, no con los demás. Para distinguirlo es importante que hagas un trabajo de autorreflexión y evalúes el ámbito en el que te desempeñas para sopesar si el rechazo es genuinamente real o es imaginario. ¿No te invitan a las fiestas? ¿Y preguntas qué plan hay en la noche? ¿Siempre te quedas solo o acompañado de pocos amigos a pesar de que quieres otro tipo de plan? ¿Te quedas encerrado los fines de semana aun cuando no le hablas a tus amigos para armar un plan sencillo?

¿De dónde surge el rechazo imaginario?

El rechazo imaginario tiene su raíz en toda una historia personal con la familia. Comúnmente, aquellos individuos que provienen de hogares donde existen reglas sumamente rígidas e ideales inalcanzables suelen operar de una manera insegura en el contacto con los demás. Esto ocasiona que las metas que uno se pone sean demasiado exigentes y demandantes para realmente cumplirlas, por lo cual, el primer sentimiento que se registrará será de inseguridad o impotencia. Muchos dicen con relativa rapidez: “No puedo”. Asimismo, la inseguridad social no viene sola, se acompaña de otros fenómenos -como elevados niveles de angustia o depresión– que tratan de ocultar algún conflicto interno que no se ha resuelto de tiempo atrás.

¿Qué hago si siento que me rechazan?

Lo primero que hay que hacer es evaluar qué tan real es el rechazo.

Si es un rechazo real, habrá que revisar nuestro interés por ingresar a un grupo que de inicio nos rechaza por alguna cualidad personal. Recuerda que no siempre se hace clic con todas las personas con las que quisiéramos. Esto no significa que tengamos que aislarnos por completo sino encontrar aquellos puntos en común (fiestas, cine, libros, familia, zona residencial, parejas, música, etc.) que tenemos con nuestros compañeros y disfrutarlos.

Si consideras que el rechazo es imaginario, entonces será importante hablarlo con algún amigo, familiar o ingresar a un tratamiento psicológico para lograr entender de dónde surge dicho rechazo y qué alternativas tienes para socializar de otra manera. Es importante reconocer que, sin pretender ser la persona más popular de tu salón o la universidad, aquellos lazos afectivos y sociales que establezcas con tus compañeros también son importantes y enriquecedores para ellos. Recuerda: lo fundamental de todo contacto social es hacerse presente.

Alejandro Cerda Rueda
Psicoanalista
alexerda@hotmail.com

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