Estar bien Ibero

Conflictos familiares

Relaciones padres – hijos en el nuevo milenio

…Tú eres único.
Tú eres como los demás.
Tú eres distinto a los demás.
Y esto, ¿Cómo lo sientes?…

La familia, para cumplir de manera efectiva sus funciones, se ajusta y transforma a fin de proteger la integridad y promover el desarrollo de sus miembros.
En su ciclo de vida pueden identificarse períodos críticos para sus integrantes, ligados al tránsito de una a otra de sus etapas:

a) la elección de pareja y profesión
b) el encuentro de la pareja y la fundación de la familia
c) la llegada de los hijos
d) la adolescencia
e) el reencuentro de la pareja
f) la vejez

Uno de los grandes retos de la familia es funcionar como facilitadora eficiente de la transformación de los hijos en adultos productivos, capaces de establecer un vínculo de pareja estable para la creación de nuevos ciclos de vida familiar.

Dos mundos

El crecimiento es tarea difícil sobre todo en las primeras etapas de la adolescencia, donde ya dejamos de ser niños pero todavía no nos vivimos como adultos y tampoco somos reconocidos como tales. Esta situación marginal de vivir en dos mundos y sin embargo, no pertenecer a ninguno, nos coloca en una situación conflictiva con nosotros mismos y con los demás.

Es evidente que el conflicto padres hijos se ve agravado por la inevitable barrera generacional que mantiene a cada parte aferrada a sus convicciones.

 

Los padres con frecuencia expresan que la juventud actual se encuentra en una sociedad de cambio vertiginoso, donde los conceptos y valores de su época parecen inadecuados. Los medios masivos de comunicación ofrecen a los jóvenes principios y estilos de vida que están en desacuerdo con los que se viven el hogar.

Llegar a la madurez

Sólo a partir de las últimas décadas la adolescencia se ha reconocido como un período de la vida con rasgos específicos que la caracterizan; diferente de la infancia y de la edad adulta. El verbo latino adolescere significa crecer, llegar a la madurez. Todo lo contrario al rumor muy difundido entre los padres: “es adolescente porque adolece como sinónimo de carencia de madurez”. El participio pasado del mismo verbo: “adultus”, significa el que ha crecido, la persona madura.

A partir de actitudes como la anterior, nos preguntarnos qué ocurre durante este período. En él se llega a la plena posesión de las capacidades físicas y mentales. Esta etapa se caracteriza por una intensa actividad social en grupos diferenciados por edad, intereses y valores que proporcionan espacios de pertenencia y apoyan el replanteamiento de la identidad personal.

Los cambios físicos, intelectuales y emocionales evidencian el inevitable proceso de diferenciación. La sumisión del niño frente al adulto se transforma en actividades más creativas pero también de reto a la autoridad; la alegría despreocupada del juego infantil evoluciona al disfrute de la competencia; el concepto de realidad como algo que no puede ser alterado, se vuelve conciencia crítica y cuestionamiento, sobre todo del orden social. La percepción del sí mismo como fenómeno constante, deviene en la necesidad de cuestionar la propia identidad y moldear su proyección hacia el futuro que se transformará en un proyecto de vida.

Resulta natural que todo esto genere crisis en la familia. Lamentablemente los intentos de solución al problema por parte de los padres con frecuencia lo agravan con respuestas como el chantaje, el autoritarismo, o incluso la violencia.

Independencia

Mis papás son muy autoritarios y tengo muchos problemas con ellos porque no me dejan hacer mi vida. Le tengo miedo a mi papá. Quiero poder valorarme más a mi mismo y ser independiente.
Estudiante de la ibero

En buena parte, la rebeldía, surge a partir de la conciencia de que una forma particular de amor, a saber entre el hijo y sus padres, está en proceso de disolución. Aparecen entonces necesidades en conflicto; la de mantenerse protegido y amado con la de ser independiente. Al parecer, la rebeldía no es tanto contra los padres, sino contra nuestro propio amor por ellos. Los padres se quejan de haber llegado al límite de sus recursos porque hagan lo que hagan por su hijo o hija resulta erróneo. Esta rebeldía no significa que los papás se hayan equivocado en la forma de educar a su hijo, sino que así es el curso del desarrollo.

La longitud del período de preparación para incorporarse a las actividades laborales ha crecido en proporción directa al grado de complejidad requerida en sociedades altamente tecnificadas y competitivas. La búsqueda de superación académica, aún cuando resulta ser un objetivo importante y deseable representa para los jóvenes quedar sometidos por mucho más tiempo a la tutela paterna.
Ante los cambios de circunstancias es evidente que se requiere de un cuestionamiento serio sobre las formas de hacer propuestas de cambio en las normas de relación con padres que han mantenido por años, sin grandes dudas respecto a sus decisiones sobre las acciones y costumbres en la familia. Las fricciones y peleas por obtener mayor libertad de decisión y acción no sólo son frecuentes, sino que se vuelven un objetivo natural y necesario. Cuestionar, inconformarnos y convertirnos en promotores de cambios positivos nos permite, “probar nuestras alas” en la ruta de despegue hacia la madurez.

Dra. Margarita Díaz Aguilar
Psicoterapia individual y familiar
margarita.diazag@hotmail.com

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